
Bioplásticos inspirados en las hojas se degradan a temperatura ambiente
La sociedad lleva mucho tiempo luchando contra la contaminación por plásticos derivados del petróleo, y la concienciación sobre los efectos perjudiciales de los microplásticos en los suministros de alimentos y agua añade aún más presión.
En respuesta a ello, los investigadores han estado desarrollando versiones biodegradables de los plásticos tradicionales, o «bioplásticos». Sin embargo, los bioplásticos también se enfrentan a retos: las versiones actuales no son tan resistentes como los plásticos derivados del petróleo y solo se degradan mediante un sistema de compostaje a alta temperatura.
Ahora, investigadores de la Universidad de Washington en St. Louis (EE.UU.) han resuelto ambos problemas inspirándose en las hojas. Mucho antes de la aparición del plástico, los seres humanos envolvían sus alimentos en hojas, que se biodegradan fácilmente gracias a su estructura subyacente de paredes celulares ricas en celulosa. Así, los ingenieros químicos de la Universidad de Washington (WashU) decidieron introducir nanofibras de celulosa en el diseño de los bioplásticos.
La tecnología surgió del trabajo con dos de los bioplásticos de mayor producción en la actualidad. En un estudio publicado en Green Chemistry a principios de este año, Yuan y sus colegas utilizaron una variación de su estructura de nanofibras de celulosa inspirada en las hojas para mejorar la resistencia y la biodegradabilidad del polihidroxibutirato (PHB), un plástico derivado del almidón; además, perfeccionaron su técnica para el ácido poliláctico (PLA), como se detalla en un nuevo artículo recién publicado en Nature Communications.
El mercado de los envases de plástico es una industria de 23.500 millones de dólares dominada por el polietileno y el polipropileno, polímeros derivados del petróleo que se descomponen en microplásticos nocivos. El bioplástico optimizado por los investigadores, denominado Layered, Ecological, Advanced and multi-Functional Film (LEAFF), convirtió el PLA en un material de embalaje biodegradable a temperatura ambiente. Además, la estructura permite otras propiedades críticas, como una baja permeabilidad al aire o al agua, lo que ayuda a mantener los alimentos estables, y una superficie imprimible. Esto mejora la asequibilidad de los bioplásticos, ya que evita a los fabricantes tener que imprimir etiquetas separadas para los envases.
La innovación consistió en añadir esa estructura celulósica que replicaron los ingenieros de la WashU, fibrillas de celulosa incrustadas en los bioplásticos.
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Fuente: residuosprofesional.com